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ALTERNATIVAS DE FINANCIACIÓN PARA LAS EMPRESAS

ALTERNATIVAS DE FINANCIACIÓN PARA LAS EMPRESAS

La grave crisis derivada del confinamiento decretado por el Gobierno español con la finalidad de combatir la propagación de la pandemia originada por el Covid-19, ha sido y sigue siendo fundamentalmente -para las empresas que eran viables y rentables antes de dicho cierre obligado- una crisis de liquidez, provocada por la falta de ingresos consecuencia de dicho confinamiento y, en algunos casos, también de la moderada recuperación de la actividad económica tras el levantamiento del estado de alarma.

Dicha crisis de liquidez, en el caso de Pymes -que, como es sabido, representan más del 90% de nuestro tejido empresarial- sólo puede resolverse con la obtención de financiación bancaria o, en su caso, con aportaciones adicionales de sus titulares o socios. Esto último, dada la tradicionalmente baja capitalización que suele impedir a las Pymes superar situaciones de iliquidez  con su propio patrimonio neto, unido a la falta de acceso a los mercados de capitales de dicho tipo de empresas (incluso a los denominados mercados alternativos).

En esta disyuntiva, una opción que puede llegar a ser muy interesante para aquellas Pymes que tengan en su balance elementos de su inmovilizado con un cierto valor de mercado, es el denominado contrato de “lease back” o “leasing de retro”.

Al margen de la discusión dogmática sobre si se trata realmente de un verdadero contrato de leasing o de otras figuras afines como un préstamo con cesión de propiedad como garantía fiduciaria, lo cierto y verdad es que, a través de la doble operación de (1) venta del inmovilizado objeto del lease-back (por ejemplo, una nave, un local, una maquinaria, una flota de vehículos, etc.) a la entidad de leasing y (2) su simultáneo arrendamiento por la propia empresa vendedora a medio o largo plazo (por ejemplo, 2, 5, 10 años, dependiendo de las circunstancias y naturaleza del bien), la empresa logra un doble objetivo: por un lado, la ansiada liquidez que necesita para sobrevivir en el escenario de incertidumbre económica que vivimos. Y, por otro lado, mantiene el uso de activo cuya propiedad podrá recuperar mediante una opción de recompra a un precio predeterminado a la finalización del arrendamiento. Así, la entidad gana  el tiempo necesario para adaptarse a los cambios  en su negocio derivados de la “nueva” normalidad, desinvirtiendo en su inmovilizado, pero sin perder su disfrute y explotación y sin provocar cambios costosos en su organización empresarial. Asimismo, podrá optar por recuperar a largo plazo la propiedad del activo , o bien valorar otras alternativas a futuro que pudieran serle más rentables o eficientes (nuevo arrendamiento en otras condiciones del mismo activo o bien de otros diferentes -maquinaria más moderna y eficiente, otra nave más adaptada a sus necesidades, etc.- renunciando a ejercer la opción de compra o transmitiéndola a un tercero).

Por su parte, la entidad de leasing obtiene una buena rentabilidad a su inversión en el activo adquirido en propiedad, lo que -a su vez- permitirá a la empresa vendedora reducir el coste de dicha inyección de liquidez dado el menor riesgo asumido por el financiador. Es decir, será razonable que ésta soporte una renta por seguir disfrutando del uso del bien menor que el eventual coste financiero de un préstamo bancario por idéntico importe, precisamente por haber adquirido ya el bien la entidad de leasing (en lugar de gozar de una garantía real que, en caso de impago, tendría que ejecutar con el coste y tiempo que ello implica).

Desde el punto de vista fiscal, a su vez, la operación también presenta un atractivo indudable frente a otras alternativas de financiación, motivado por el efecto neutro en el impuesto sobre sociedades de la entidad vendedora, sin que se genere una renta sujeta a ese gravamen. Así, bajo ese impuesto el lease-back se considera una operación de financiación, donde la entidad arrendataria continuará amortizando a efectos fiscales el bien transmitido según idénticos criterios y valores previos a la transmisión y, por su parte, deberá recoger un gasto financiero a distribuir en los ejercicios de duración del arrendamiento.

Por tanto, el “sale and lease-back” puede ser una opción interesante para aquellas empresas necesitadas de liquidez sin necesidad de realizar nuevas aportaciones por parte de socios e inversores, siempre que el contrato se formalice correctamente conforme a las exigencias establecidas por la doctrina y la jurisprudencia (entre otras, SSTS de 16 de mayo de 2000, 2 de febrero de 2006 y 15 de abril de 2010), para evitar el riesgo de que sea considerado como un préstamo disimulado que contravenga la prohibición del pacto comisorio (arts. 1859 y 1884 c.c.) y su eventual declaración de nulidad por los Tribunales.

Para ampliar información, puede ponerse en contacto con:

José Carlos González Vázquez – Socio

Javier Talegón Vázquez-  Director área fiscal MA Abogados Madrid

j.talegon@maabogados.com

T. 91 4516157

 

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